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Ruinas del Hotel Termas del Sosneado (Mendoza)

HOTEL TERMAS DEL SOSNEADO:
Saliendo desde El Sosneado, la ruta N* 220 recorre unos 60 Km hasta llegar a las ruinas del Antiguo hotel Termas del Sosneado.  Es bueno tener en cuenta que esta ruta es de ripio en su totalidad, y que en muchos tramos su estado es bastante malo. Se atraviesan sectores donde el camino tiene grandes piedras, y se vadean arroyos que a veces tienen bastante agua. Por eso, en principio, no es recomendable para transitar con cualquier vehículo. Lo ideal es realizar en recorrido en un vehículo 4 x 4, y con mucha precaución, teniendo en cuenta que algunos tramos se realizan casi a paso de hombre.
Antes de partir hay que tener presente que en todo el trayecto no hay negocios, ni paradores, ni estaciones de servicio. Por eso es importante tener el tanque de combustible completo, y llevar bastante agua y comida para la travesía. Normalmente, hacer esta excursión requiere de un día casi completo.
Durante todo el recorrido el paisaje cordillerano es magnífico. Se suceden formaciones montañosas, valles, quebradas, ríos, pequeños arroyos que bajan de las alturas, lagunas, antiguos puentes y referencias históricas, entre otras cosas.  El Rio Atuel va pegado al camino durante todo el trayecto. Cada tanto, a uno de los costados puede verse los puestos de los arrieros que se instalan en la temporada de verano para hacer pastar al ganado en los pastos verdes que crecen en algunas zonas. En general, cuando se divisa a lo lejos alguna arboleda, es un signo de algún tipo de presencia humana. Se los ve a veces, en sus caballos, seguidos por varios perros que van guiando y cuidando el ganado, en general cabras o chivos.
El cerro Sosneado, imponente mole de piedra puede verse al frente, hacia la derecha. Es una impresionante mole , con manchones de hielos eternos en su cumbre. 16 Km antes de llegar a las ruinas del hotel esta la laguna El Sosneado, un hermoso espejo de aguas transparentes, con juncos en sus orillas y verdes pastos tiernos donde pastan los caballos. Un lugar maravilloso, ideal para hacer una parada rodeado de silencio y tranquilidad. La parte de sus orillas que dan a las montañas son barrosas, pantanosas. Por los arroyos que bajan de la montaña, el suelo es blando, cubierto de un verde pasto que engaña y sin embargo, cuando uno pisa este suelo puede hundirse hasta la cintura.
Continuando el camino, unos kilómetros más adelante, aparecen finalmente como un fantasma los restos del viejo hotel abandonado y sus piscinas termales.  Un viejo guerrero que se yergue en el medio de la nada. La construcción solida de piedras está totalmente abandonada y descuidada. Es realmente una lástima que este sitio que alberga una historia, en este lugar casi inaccesible y que en una época fue un sitio turístico a nivel mundial hoy no tenga la más mínima protección ni cuidado, quedando a merced de gente que sin consciencia ha saqueado sucesivamente las ruinas, y ha dejado en sus alrededores un auténtico basural.
Pero las ruinas del viejo hotel aún son imponentes e impactan. Fue en su época un icono, un lugar al que se acercaba la alta sociedad para descansar y disfrutar de sus aguas termales curativas y reparadoras. Queda solamente la estructura, ya que las aberturas, ventanas, puertas y todo objeto que pueda haber tenido algún valor han sido robados.  Al ingresar por lo que alguna vez fue la entrada principal se accede al lobby del hotel, un espacio grande donde aún se encuentra casi intacto un gran hogar a leña que daba calor a los huéspedes en las frías noches de verano en la cordillera. A pesar de estar destruido, conserva aún un halo de elegancia, una atmosfera mágica y rodeada de misterios. Basta cerrar los ojos para imaginar la recepción del hotel, el piso de madera que hoy no está, el hogar a leña encendido y los huéspedes sentados a su alrededor compartiendo historias de sus viajes, las señoras tomando el té en un ambiente cálido y señorial. Aún pueden verse algunas partes de la pared y el techo con restos de lo que habrá sido la última pintura con que se pintó el lugar, algunas instalaciones eléctricas y viejos caños aún están en las paredes.
El edificio consta de tres plantas. Del techo, antiguamente de chapa y sus vigas no quedan ni rastros. Sin embargo, al recorrer los restos de las instalaciones uno puede imaginarse lo que alguna vez fue este lugar. Tanto los pasillos como los interiores de las habitaciones están en ruinas, llenos de piedras y tierra que cubren el piso. Los pisos de las habitaciones y baños, otrora de baldosas también fueron saqueados. Solo buscando y revolviendo entre escombros se pueden encontrar algunos restos del piso, sócalos, mampostería y caños principales del viejo hotel.
La historia del hotel es algo esquiva. Hay muy pocos relatos y referencias de aquellos años, y no hay prácticamente información sobre cómo fueron aquellos años de funcionamiento del hotel, ni fotos de su interior o información que permita conocer y recrear aquellos tiempos dorados.  Aparentemente el hotel Sosneado comenzó a funcionar en el año 1938, construido por la Compañía Hotelera Sudamericana, y funciono hasta el año 1953. Una placa en uno de sus ingresos es aun visible con el nombre de los arquitectos y la empresa constructora. El edificio fue construido en hormigón (un avance para época) y piedras de la zona perfectamente labradas a mano, lo que da al edificio el aspecto de un rustico refugio de montaña.   Su atractivo principal fue y son aun sus aguas termales que emanan de una fuente natural a pocos metros del hotel y seguramente, también el majestuoso paisaje y la tranquilidad que rodean al edificio. Esto transformo rápidamente al hotel en uno de los destinos que frecuentaba la alta sociedad, no solo argentina, sino también europea y americana. Algunos relatos señalan que la realeza europea llegaba en barco hasta Bahía Blanca, y se trasladaba en tren hasta San Rafael, para luego llegar finalmente, luego de un muy largo viaje al hotel. Los relatos  comentan en el hotel se alojaron importantes personalidades de la época, entre ellos Onasis, Anchorena, y el mismísimo General Perón.   EL hotel fue innovador en su época, ya que tenía incluso una usina hidroeléctrica propia, cuyas ruinas pueden verse aun a unos metros del edificio principal. Las aguas termales llegaban por cañerías hasta las habitaciones, para que los huéspedes pudieran disfrutar de los baños termales en sus habitaciones. De hecho, aun puede hallarse en el baño de alguna de las habitaciones la bañera de hormigón.
También la historia del repentino cierre del hotel es incierta. Para algunos es un misterio el motivo por el cual  dejo de funcionar y quedo abandonado con todo su mobiliario. Otras historias relatan que sus dueños prefirieron cerrarlo abruptamente, cuando los empleados, aprovechando la flexibilización de  las leyes laborales que se aprobaron en aquel entonces, reclamaron el pago del sueldo durante todo el año y no solo durante los cuatro meses al año que el hotel funcionaba. Al parecer, este reclamo hacia totalmente inviable el funcionamiento del hotel, y sus antiguos dueños prefirieron cerrarlo.
Otros relatos y comentarios indican que el hotel fue destruido por un alud. Lo cierto es que si uno observa la parte superior del hotel, y algunas construcciones que se hallan sobre la montaña, hay varias paredes enteras caídas todas  hacia el mismo lado, que es el lado contrario a la montaña, lo que parece indicar que efectivamente, en algún momento un alud pueda haber destruido parte del hotel, incluso el techo que falta totalmente, aunque no que necesariamente este sea el motivo del cierre, pudiendo el alud haber ocurrido en algún momento posterior al cierre.
A partir de su repentino cierre, el hotel quedo abandonado. Al parecer, hubo al principio algún cuidador, pero con el tiempo el hotel quedo sin protección. El tiempo, y por supuesto la gente se encargaron de saquearlo totalmente y dejarlo en ruinas.
Los sótanos del edificio son intransitables. Más allá de no tener luz, están llenos de basura y el peligro de derrumbe está presente en todo el edificio.  Sin embargo, las habitaciones y dependencias que dan al exterior  y por cuyas ventanas ingresa algo de luz, deja ver que estas instalaciones están en mejor estado que el resto del edificio, y aún pueden verse sus pisos y mampostería.
El hotel tiene algo de misterioso y fantasmagórico. Muchas preguntas surgen sobre este antiguo lugar en medio de la nada, pero posiblemente las respuestas queden siempre en la nebulosa de un tiempo pasado, de una historia perdida, de personajes que transitaron estas tierras inhóspitas en busca de descanso, bienestar o el estatus que marcaba la época.
A unos metros del hotel se encuentran las aguas termales. Hay un pozo pequeño que es la surgente natural de las aguas termales, con aguas que surgen templadas. De allí, un canal deriva las aguas a un pozo algo más grande, donde el agua llega apenas templada. De este pozo, se deriva un canal hacia lo que alguna vez fue la piscina del hotel, que aunque está en ruinas, conserva aún su aspecto señorial. Pero el agua llega fría  a este último estanque. Las aguas no son transparentes, son turbias y por su composición sulfurosa despiden un olor nauseabundo que no es de suciedad, sino justamente por la composición de las mismas.  A pesar del paso de los años, las aguas termales siguen siendo el atractivo del lugar, y la gente sigue llegando durante el verano para tomar aun reparadores baños en sus aguas sulfurosas entre las ruinas y fantasmas del Sosneado.
Como si algo le faltara a esta historia, a unos 10 km del lugar se halla el sitio donde cayó el famoso avión de los rugbiers uruguayos. Si Canesa y Parrados hubieran caminado en la dirección contraria, se hubieran hallado con el hotel Sosneado.
Al emprender el regreso uno se va con una extraña satisfacción del viejo hotel, con la sensación de que quedan tantas preguntas sin respuesta y tantos misterios que quizás, siempre formen parte del Sosneado, que allí queda, resistiendo el paso del tiempo, resistiéndose a desaparecer y quedar en el olvido.

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